Ejemplo de Encarnación (Carlos Rey)





EJEMPLO DE ENCARNACIÓN

por Carlos Rey

El siguiente relato es producto de la experiencia personal del escritor peruano Mario Vargas Llosa, narrada en su obra titulada El hablador:

«Conocí la selva amazónica a mediados de 1958, [en una] expedición por el Alto Marañón, organizada por el Instituto Lingüístico [de Verano] para un antropólogo mexicano....

»La labor de los lingüistas [era] estudiar las lenguas y dialectos de la Amazonía, establecer vocabularios y gramáticas de las distintas tribus....

»Estuvimos primero en Yarinacocha... su base de operaciones, a orillas del Ucayali, a unos diez kilómetros de Pucallpa... conversando con los lingüistas, y luego, a gran distancia de allí, en la región del Alto Marañón, recorriendo una serie de caseríos y aldeas de dos tribus de origen jíbaro: aguarunas y huambisas....

»La señora Schneil estaba encinta. Esa era la razón por la que ambos esposos se encontraban en la base de Yarinacocha. Una vez que hubiera nacido su primer hijo, la pareja volvería al Urubamba. El niño o la niña, decían, se criaría allá y dominaría el machiguenga mejor y, acaso, antes que ellos.

»... La intención que los inducía a estudiar las culturas primitivas era religiosa: traducir la Biblia a aquellas lenguas a fin de que esos pueblos pudieran escuchar la palabra de Dios a los compases y en las inflexiones de su propia música. Éste fue el designio que llevó al doctor Peter Townsend —un interesante personaje, mezcla de misionero y pionero, amigo del Presidente mexicano Lázaro Cárdenas y autor de un libro sobre él— a fundar el Instituto, y el incentivo que mueve todavía a los lingüistas a hacer la paciente labor que realizan. El espectáculo de la fe sólida, inconmovible, que lleva a un hombre a dedicarle su vida y a aceptar por ella cualquier sacrificio, siempre me ha conmovido y asustado, pues de esta actitud resultan por igual el heroísmo y el fanatismo, hechos altruistas y crímenes. Pero, en el caso de los lingüistas del Instituto, su fe me pareció, en aquel viaje, benigna.

»Aún recuerdo a esa familia instalada entre los huambisas, cuyos hijos —unos gringuitos pelirrojos— chapoteaban desnudos en las orillas del río con los cobrizos niños de la aldea, hablando y escupiendo como éstos. (Los huambisas escupen mientras hablan para mostrar que dicen la verdad. Un hombre que no escupe al hablar es para ellos un mentiroso.)» 1

En su relato de esa expedición que, según Vargas Llosa, le causó una impresión tan grande que, veintisiete años después, todavía la recordaba con lujo de detalles, 2 es importante reconocer cómo aquellos misioneros lingüistas siguieron el ejemplo de Jesucristo, su Señor y Maestro, en su encarnación. Pues así como Jesucristo, el Hijo de Dios, se instaló entre nosotros, los seres humanos, 3 también los Schneil se instalaron entre los huambisas, a fin de que no sólo dijeran la verdad y la reconocieran en boca del prójimo, sino también que la conocieran personalmente. Porque tenían el propósito de presentarles a los huambisas a Cristo mismo, la Verdad encarnada, quien los haría verdaderamente libres. 4
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1 Mario Vargas Llosa, El hablador (Barcelona: Editorial Seix Barral, 1993), pp. 69‑71,84‑85.
2 Ibíd., p. 71.
3 Jn 1:14
4 Jn 8:32‑36; 14:6

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